- Virgen de la peña

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En Aniés, villa perteneciente a La Sotonera y enclavada entre Bolea y Loarre, podemos encontrar este entorno eremítico, producto de la devoción de sus gentes hacia nuestra Señora de la Virgen de La Peña. En escritos contrastados y en los relatos del carmelita, Padre Faci, donde en su obra "Aragón, reino de Cristo, dote de María Santísima, fundado sobre la columna inmóvil de Nuestra Señora en su ciudad de Zaragoza " hace una escueta alusión a los orígenes de la ermita, así como de su ubicación y misterios. A continuación, se refleja el fragmento original sin alteraciones ni tachas, de la visita del Padre Faci a nuestro Santuario.



La Virgen de la Peña en Aniés

Está situado el lugar de Aniés entre las antiguas y nobles villas de Ayerbe, y Bolea, a la raiz de las montañas de Jaca; venera aquel pueblo la Santa Imagen de Nuestra Señora de la Peña, llamada asi, por estar su santuario sobre una peña, o peñon; mirada la elevación, y cuan cortada esta aquella, se representa, antes de experimentarse, como imposible su subida a tan elevada cumbre; y experimentada, se halla siempre difícil, y naturalmente peligrosa; por que no hay, ni puede haber otro ascenso, que el que ha fabricado la devoción más que el arte, formando en la peña viva,unas gradas que le van circulando: en esta circulación y rodeo hay algunos pasos tan estrechos, como peligrosos; pués solo en algunos se puede asegurar el pie, causando naturalmente horror el despeñadero contínuo que se trae siempre presente a los ojos; por lo cual es inaccesible la subida para todo género de caballería. La distancia del pueblo de Aniés hasta la raíz del peñasco será como de tres cuartos de hora, y la subida referida, más que otro largo cuarto de legua; y después que subiendo en la forma dicha, se ha vencido, ó ganado su altura, concienza desde alli otra rara novedad; pués para llegar a la iglesia se han de bajar no menos que cuarenta y dos ó más escalones de piedra por las cuales se dá entrada a un cóncavo u hondura en la que se vé una pequeña plaza.
El hallazgo de la Santa Imágen en aquel tan peregrino sitio según la tradición de aquellas montañas, sucedió en esta forma.
Habiendo un caballero militar de los que guarnecían el castillo de Loarre salido a caza por aquellos montes y sierras con su alcón, soltólo contra una perdiz distante, la cual huyendo de su cruel enemigo, se arrojó dentro de la mencionada hondura, a donde en seguimiento de la perdiz, prosiguió su vuelo el alcón: hizo este alli tan larga mansión sin volver á las manos de su dueño, que temeroso de perderlo éste, comenzó á hacer las diligencias para recobrarlo; quiso bajar á aquella hondura; más siendo por entonces imposible, (sin las gradas de piedra que hoy tiene) dispuso que bajase un criado atado á una larga soga; llegó este á lo profundo, y halló allí un retablo compuesto de una pomposa zarza, en cuyo lado derecho estaba la Imágen de la Virgen y en el siniestro la perdiz viva, ladeada de el alcón y libre de su crueldad, pues este, como olvidado de su sangriento instinto parecía estar como suspenso y admirado de ver como en tan oculto sitio, había tan hermoso espectáculo.
Volvió el caballero, como noticioso ya de aquel tesoro mas feliz á su casa, y comunicando á los cristianos tan singular noticia, fueron en procesión al sitio, y sacando de él la Santa Imégen la trasladaron á una antiquísima iglesia de S.Pedro Apóstol que por entonces había á la raiz del peñasco; hoy sólo hay vestigios de ésta, y de algunas otras fábricas vecinas, que en Aniés entienden haber sido de Templarios.


 
 
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